| Varias reflexiones a vuela pluma sobre una temprana eliminación |
|
| Blogs - Diarios de fútbol |
| Jueves, 11 de Marzo de 2010 13:16 |
|
Olympique Lyonnais. ¿Eran tan mal equipo como se dibujaba desde ciertos medios en la previa? La realidad demostró anoche que los franceses, al menos, sí saben lo que es la competición. No se descompusieron tras encajar el gol de Cristiano Ronaldo en el minuto 6, y siguieron igual de bien plantados sobre el verde. Puede que ésa fuera la clave. El Madrid no pudo despedazar a su rival como acostumbra a hacer en Liga porque éste nunca perdió la cara al partido. No dio la puntilla a los franceses, y lo pagó carísimo. Además, la lectura táctica de Claude Puel en el descanso salió de perlas. Interpretó a la perfección las necesidades de su equipo y actuó en consecuencia. Sacó a Maxime Gonalons en el centro del campo y cortocircuitó la circulación de balón madridista. 21 añitos. Y canterano. Gonzalo Higuaín. Dos goles en veintiún partidos de Liga de Campeones. La estadística, en este caso, lo dice todo. El argentino volvió a evidenciar anoche que aún le quedan muchas garitas en las que hacer guardia y pasar frío para poder ser el 9 titular de todo un Real Madrid en competición europea. Más allá de sus fallos frente a la portería (imperdonable ese disparo al palo a portería vacía), en la segunda mitad, como el resto del equipo, fue una sombra pululando sobre el césped. Se ha hablado de él en ocasiones como de un ‘delantero indetectable’. Anoche fue indetectable incluso para sus compañeros. Ni se ofreció, ni creó peligro, ni estuvo en el momento preciso y el lugar idóneo para empujarlas. El primer delantero centro del Madrid no puede vivir de hacer dobletes al Almería, al Racing o al Espanyol. Wayne Rooney, Didier Drogba, Zlatan Ibrahimovic, Diego Milito y Gonzalo Higuaín. Son los delanteros titulares de los teóricos grandes de Europa del momento. A mí me chirría sobremanera uno de ellos. No sé a vosotros. Manuel Pellegrini. El blanco ideal de todas las críticas no puede, ni debe, pasar desapercibido tras un partido como el de ayer. No valen las excusas del tipo ‘es un proyecto a largo plazo, no se puede juzgar en seis meses’. Su propio Presidente dejó bien claro a comienzos de temporada que había dado forma a un equipo que debía de hacer en una temporada lo que habitualmente se haría en tres. Pero la responsabilidad última no es achacable al chileno. El cambio de Mahamadou Diarrá responde a que lo que tenía disponible en el banquillo (Gago, Metzelder y el canterano Mosquera) no le permitía mucho mayor margen de maniobra. Y eso no es responsabilidad suya. Xabi Alonso. Por si alguien lo dudaba, el tolosarra evidenció anoche, con su ausencia por sanción, lo importante que resulta para este Real Madrid. Ni vende camisetas por millares ni aparece en las portadas cada semana, pero su fútbol es irremplazable en el equipo blanco. Sin Xabi sobre el césped, el Madrid no encontró el faro con el que guiarse. Dominó la primera mitad por puro empuje, pero en cuanto Puel reforzó su media, el centro del campo madridista se vino abajo. No sabemos si no habría ocurrido con Xabi vestido de corto, pero lo que está claro es que, sin él, sí que ocurrió. Al margen de su ausencia, quedó en evidencia que el Madrid necesita, como el respirar, uno o dos centrocampistas de acompañamiento del vasco. Lass no termina de exhibir las virtudes que se le presuponen a un medio centro, y el resto, Gago y Diarrá ni están ni se les espera. Guti. Apelar al genio de un veterano indolente para levantar una eliminatoria de Liga de Campeones tiene un punto entre cómico y tierno. Se le dieron galones, que recogió de buen gusto como el capitán que se supone que es, pero no supo qué hacer con ellos. No es un motor, no es ese faro que sí es Xabi. No puede jugar en estático a cincuenta metros de la portería contraria, porque donde realmente hace daño al rival es a veinticinco o treinta metros del gol, entre líneas, para entendernos. Ante las dificultades de Lass para sacar el balón jugado, quiso Guti asumir tal función. Pero le faltó el don de la omnipresencia para estar en posiciones más vanguardistas. No podía sacar el balón y dar el último pase a la vez. Un retal, un parche, fuera de su sitio ideal y totalmente desapercibido. Kakà. Recibió pitos de su público, y quizá eso sea suficiente resumen de su actuación. Lento hasta la desesperación, el paulista pierde una de sus principales condiciones: la conducción de balón entre líneas. Fueron varias las ocasiones en las que, por pura lentitud, un rival terminó rebañándole el balón llegando desde atrás antes de que Ricky diera el pase. Personalmente, me da bastante pena verle a este nivel. En su descargo hay que apuntar que jamás se esconde y que siempre va de cara. Pide el balón porque se siente importante, pero cuando lo recibe se percata de que quizá ya no lo sea tanto como en el Milan. Pero no todo va a ser negativo. Hay que destacar el trabajo de una pareja de centrales por la que muy pocos hubieran puesto su mano en el fuego. Raúl Albiol y, sobre todo, Ezequiel Garay se han ganado a pulso la confianza del Bernabéu. Sin estridencias, sin espectacularidad, pero con una sobriedad y capacidad de concentración a prueba de bomba. Quién lo iba a decir, de lo mejor del Madrid. Leer más: Diarios de Futbol
Favorito
Guardar
Enviar por email
Visto: 74 Comentarios (0)
![]() |
- En directo: La selección llega a Príncipe Pío para celebrar el título con la afición
- El bañador de Iniesta
- La prensa holandesa lamenta el "sueño roto" y recoge abundantes críticas al árbitro
- En directo: El autobús de la selección española llega al Palacio Real
- España ya luce la estrella de campeón en la nueva camiseta

Confirmada 

